Yo jugaba a “Interstellar”: el futuro.

Los agujeros negros eran de verdad: los practicaba en la pared, para disgusto de mi pobre madre. Ella, que igual ve mi cuarto ahora desde un espacio multidimensional, tenía una paciencia de Santa. Bueno, no tanto. Pero ahora comprendo que llegar a casa tras diez horas de trabajo y encontrar, orgulloso, a su hijo de once años enseñándole agujeros en las paredes y naves de cartón no es lo que a uno le hace feliz precisamente.

No me podía gastar lo de Nolan, ni podía hacer películas de tres horas con los quince metros de carrete en Super 8 que venían con los packs de Kodak, pero mi Universo he visto y he sentido que era el mismo.

Yo también pertenezco a esa generación que con pocos años (en mi caso, con cuatro) fliparon en el cine viendo 2001, una odisea en el espacio. Y he de reconocer que aquel impacto visual ha estado presente en toda mi vida, con la ventaja de que con esa edad no tienes que entenderla.

Me volví un apasionado de la ciencia y el espacio, y siempre sacaba sobresaliente en física. En las demás asignaturas, no. No me inter(stellar)esaban. Inundé en mi cuarto de posters sobre el tema, y siempre que aparecía la palabra espacio, corría al televisor.

Eso me hizo amar la producción audiovisual y la pobre Juanita (mi mamá) no puso demasiados reparos al momento en el que le robé la tabla de planchar para poder plantar en ella mi primera cabina. Con dos giradiscos de entonces y un kit de electrónica, aquello sonaba estupendo y a más de 200 metros de casa. Aunque no fuera la de la nave “Discovery”, sí me fue posible hacer mis primeros programas de radio con unos mandos y una antena en el balcón.

Entendí ya desde muy pequeño que era posible hacer soñar desde una pantalla o un altavoz, y que si estábamos unidos podíamos llegar a la Luna. Que la ciencia era indispensable y el futuro, mi país. Eso te convierte en alguien que cree en los logros de los equipos y con poca transigencia ante la mediocridad.

¿Por qué te cuento todo esto a ti? Porque todo eso también me convirtió en alguien con fe en el mañana, en un futuro lleno de sorpresas. Porque sé que esta especie que ha conseguido saltar a otros mundos, puede hacer, si se une, cosas maravillosas.

La realidad suena diferente, ¿verdad?. Aquí ha habido muchísimo expolio, está claro. Y eso no nos ha puesto la vida fácil al resto. Pero miro a mi hijo, que tiene la edad que tenía yo cuando vi “2001” y quiero que sepa que el futuro es suyo y de otros que ahora tienen su edad. No conoce un mundo sin “crisis, pero le inculco la fe en que si se une a otros soñadores, puede crear Grandes Proyectos. O pequeños para el resto, pero grandes para él.

Yo jamás llegué a pensar que sería posible que yo hablase algún día para millones de personas (fuente: E.G.M.) cuando hacía radio desde la tabla de planchar.

Lo que necesitamos es fuerza y confianza en nosotros y el mañana. Hay quién se está aprovechando de nuestro enfado para conseguir poder, quién se ve descubierto y no tiene dignidad para reconocer la verdad, quienes siguen recibiendo pensiones inmerecidas que pagamos los demás, y hasta quién se cree mejor que el resto por hacer todo eso.

Pero mi “casta”, que no es política, sino creativa, lucha todos los días desde su puesto y sin descanso por un futuro mejor. ¿Seguimos protestando, o mejor te apuntas a crear ese futuro conmigo?

¿A qué jugabas TÚ cuando eras pequeño? Ahí encontrarás al soñador que los demás necesitamos.

Si te ha servido para pensar un poco, pásalo. Lo necesitamos.

1 Comentario

Únete a la conversación y cuéntanos tu opinión.

Cristina Escalada
25 agosto 2016 en 23:17

Ostras Juanma..que recuerdos. Te conoci en aquella epoca y aún recuerdo ese programa que emitias desde tu casa, con musica de Jonh Benson y otros. Te recuerdo con cariño. Un abrazo!

Deja un comentario