V DE VIAJE 04: La Mancha. A ver si es que te crees que…

Era 1995. España estaba inmersa en la “guerra del fletán”, quedábamos segundos (!) en Eurovisión con Anabel Conde, y el 1 de mayo se inauguraba Port Aventura. Un día antes, como cada año, se celebraban en un pueblecito que ahora ocupa parte de mi corazón las fiestas de los mayos manchegos. Yo, novio en aquella época de una guapísima lugareña, acudía pues en calidad de “arrimao”. Pío, un hombre portador entonces de un enorme trailer y de un corazón aún más grande, me espetó: ¡Aguanta esto!. Sin miramientos, me endilgó por sorpresa un poste que albergaba el dispositivo llamado “farola”, que soportaba una imagen de la Virgen iluminada a pilas. No era precisamente la parte más agradable de la noche de mayos correr de casa en casa de las damas portando el pendón mayero, pero yo como urbanita barcelonés y algo tontorrón por famosillo, acogí el encargo con ganas de quedar bien. No solté dicho honor hasta que las pilas se agotaron y bien entrada la mañana lo recto parecía curvo, culpa del “zurra”. Eso me salvó de acabar en el pilón por llevarme a la “rubiaca” del pueblo.

La Mancha me enseñó tantas verdades… Que las cosas sencillas son mejores, que hay mucha tontería en el mundo, que a veces uno se hace un jaleo y piensa “namás que tontás”, a decir “a ver si es que te crees que” para reclamar atención sobre la negación de una afirmación falsa, y a entender las relaciones humanas como la base de la verdadera felicidad. Aprendí a reír como nunca al calor de un brasero escondido bajo los faldones de una mesa mucho antes de que se pusiera de moda el “humor manchego”. Todas estas verdades se me fueron confirmando con buenos amigos como José Mota o Sandra Jiménez, una de las mujeres más comprometidas con el mundo del deporte. Amigos del alma, y no otra cosa, es lo que uno se lleva si se arrima a tierras manchegas con frecuencia, humildad y cariño.

2012. Haciendo camino hacia el norte no hay mejor lugar en la provincia de Albacete para resguardarse que un cubillo. Y al de Pilar en Minaya nos llevó Sandra, a bordo del flamante V40 de la expedición. Por supuesto, el vehículo aparcó solito en la puerta, dejando boquiabierta a la anfitriona. La comida mejor probarla, pero si alguien quiere disfrutar un ratejo con los ojos, debe verse el vídeo.

Siempre que paso por el corazón de La Mancha, cruzando sus carreteras, rectas de campanario a campanario y flanqueadas por molinos blancos, recuerdo que yo un día fui Quijote, soñando con el imposible de hacer radio para miles de personas. Tampoco olvido que una de mis mejores sesiones como DJ la realicé dentro una tinaja gigante para todos los jovenzuelos que frecuentaban “El Majano”. Ahora el mesón ha quitado la cabina y ha puesto mesas y parque infantil. Lo sé porque paro a veces. Todos crecemos, pero no olvido que en la tierra de Sancho Panza mi estómago ha comido buen queso, gachas y atascaburras. Y mi corazón, sencillez, nobleza y honestidad.

3 Comentarios

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Laura
7 noviembre 2012 en 10:47

Yo soy muy fan de la mancha, de sus paisajes, de su comida y de su carácter sencillo.

María Angustias
11 noviembre 2012 en 22:07

Me gusta el bloc y este viaje a la mancha también lo he hecho en varias ocasiones..me gustaría seguirlo tambien

Sandra Jimenez
15 noviembre 2012 en 12:23

AMIGO… GRACIAS!!!! Gracias por tantas Y tantas cosas que me enseñaste y me sigues enseñando. Gracias por tus palabras llenas de cariño y por tu AMISTAD por encima de todas las cosas. Gracias por estar SIEMPRE AHÍ, y en esta ocasión mostrar lo MEJOR de mi tierra, La Mancha, de la que me siento profundamente orgullosa y agradecida. GRACIAS por compartir tu PROFESIONALIDAD con nosotros, por esa creatividad que te caracteriza y que derrochas en cada programa sin repetirte nunca. Tambien quiero agradecerte que seas una persona tan ESPECIAL y al mismo tiempo tan AGRADECIDA, con un corazon inmenso. Por todo ello y por mucho mas MIL GRACIAS AMIGO!!!!

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