V de Viaje 03: A una isla en coche

Querer escapar de la presión es una ley física. Oprimir una vida cotidiana a base de crisis, inestabilidad y cierta dosis de miedo al futuro hace que uno solo quiera correr y correr, y no siempre encerrado en un gimnasio, sino hacia alguna parte.

Siempre ha habido seres inteligentes, otros muy sabios y otros que además de una mezcla de eso, de forma instintiva, lo aplican para saber vivir. Pedro Morata sabe.

Este ser singular vive cada día entre la emoción del deporte, la de saber que cada día es un poco el último, y el bendito enfado constante y necesario de todo aquel que piensa, como yo, que todo se puede hacer mejor.

Conduzco toda la noche desde Madrid, tras una jornada intensa de Carrusel, hacia el mediterráneo. A eso de las diez de la mañana sorprendo al Maestro del deporte valenciano preparando su barquito para navegar en lo que él llama “el Caribe de España”: el puerto de Águilas, su ciudad. No es casual. Lo de aparecer yo a esa hora, me refiero. Sabía que si conducía toda la noche, una cama sobre el mar me esperaría para regalarme una buena siesta entre calita y calita.

Cayó la noche y no podía permitir Pedro que me marchara sin visitar su isla. Resultó ser una isla de música y diversión hasta la madrugada. No es una discoteca. Sería parco describir así un enorme palacio con inspiración árabe y varias playas en su interior que da cabida cada verano a miles y miles de personas bailando poseídas por el ritmo.

Presto el volante del deportivo al genio del deporte para que le saque “partido”. El adjetivo que exclama existe, pero jamás se ha usado en el mundo de la automoción: dirección “sedosa”. Acelera y disfruta de su seguridad. Deja que el V40 aparque por sí mismo. Una experiencia.

Como todo. La vida no es otra cosa que un montoncito de experiencias. Mejor elegirlas buenas. De las que aportan emoción a la existencia. Por equilibrar.

Comparta sus opiniones