Mi pequeño gran hombre de tres años.

Hoy te has levantado caprichoso. No quejica ni llorón, pero sí con la idea clara de los cereales que quieres, del vaso de Supermán en el que vas a tomarte tu zumito recién hecho y de la camisa con la que vas a vestir en esta ocasión especial. Lo comprendo. No todos los días se cumplen 3 años. Solamente una vez.

Mientras te caliento la leche te observo, me miras, sonríes, yo más. Y cuando te pregunto cuántos cumples, sigues abriendo la mano para decir tres, pero con todos tus deditos. Ya llegarán los cinco, y muy pronto el día en el que me levantes solamente los que cumples.

Sabes que algo hay en el aire. Es un día especial. Hoy no quieres cereales de bolitas de chocolate, que eso es para todos los días. Mejor los amarillos. Mientras Carla y yo nos arreglamos para llevarte al cole, tú te sientes más adulto. Solito has ido al baño, te has subido al taburete para lavarte los dientes, la carita y quitarte las “larañas” de esos maravillosos ojitos profundos y negros con los que miras con curiosidad una vida siempre nueva para ti. Ahora todo es raro y normal a la vez ¿verdad?

Tiempo tendrás de disfrutar de los pequeños grandes instantes que da ser “mayor”. No mayor como tú, que ya lo eres y me lo recuerdas porque ya no te haces pipí, sino mayor como papá. Te esperan tantas cosas… Conocer a tus compañeros de viaje, crecer en un mundo que no puedo adivinar, golpes de suerte, pérdidas, y hasta decepcionarte de quien amabas y dabas todo. Eso te hará grande. Mayor. Como papá.

Mientras yo sigo repartiendo mi tiempo entre las cremitas de tu delicada piel y el correo electrónico, tu Gran Universo de Pequeñas cosas tiene un Rayo McQueen rojo, un avión de los chinos que te encanta y desde esta tarde muchas cosas más que no puedo contarte porque serán tu regalo sorpresa.

No sé lo que deparará el futuro inmediato, pero solamente ruego a las fuerzas que rigen el destino y las leyes del hombre que pueda seguir escuchando tu respiración cuando te quedas dormido algunas noches, después de contarte por tercera vez, y todas diferentes, el cuento que siempre me invento de una rana y un león que, como el de Madagascar, se llama Alex.

Como tú, mi pequeño gran hombre de tres años.

3 Comentarios

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amparo
25 octubre 2013 en 14:22

Ayer cumplio mi hijo 25 disfruta mucho con el pues el tiempo vuela , felicidades

Solomaría
28 octubre 2013 en 19:27

Muy bonito

Pilar Maestro Tremul
31 diciembre 2013 en 7:21

Precioso. Te admiro. Eres un padrazo de los pies a la cabeza. Tu hijo tiene mucha suerte de tenerte. Bravo!
Me muero de ganas de sentirme como tú te sientes. Un abrazo de esos que no se olvidan 😉

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